Estimados legisladores, ¿por qué tratan a los perros y gatos mejor que a los animales de granja?

Como sociedad, hemos llegado a reconocer que los animales de compañía, como los perros y gatos, merecen ser protegidos contra el abuso y hemos mejorado nuestras leyes para reflejar esto. Pero, por desgracia, hemos dejado a los animales de granja completamente vulnerables a crueldades inimaginables que son prácticas estándar en las industrias de la carne, los productos lácteos y los huevos.

Los animales criados y asesinados por la industria alimenticia son tan inteligentes y sensibles como los perros y gatos que adoramos en casa. Años de investigación lo han demostrado. Ahora sabemos que las gallinas pueden reconocer más de 100 aves, las vacas forman amistades cercanas y los cerdos parecen tener la inteligencia de un niño de tres años de edad.

¿Pensaríamos que es legal amarrar a un perro de las piernas y degollarlo? ¿Permitiríamos que un gato fuera confinado durante toda su vida en una jaula tan pequeña que ni siquiera pudiera voltearse? ¿Permitiríamos que los cachorros y los gatitos fuesen asesinados estrellando su cabeza contra el piso de concreto? Por supuesto que no. Pero estos actos atroces son completamente legales si las víctimas son las vacas, las gallinas y los cerdos confinados en las granjas industriales.

Increíblemente, no hay una sola ley federal en el mundo que proteja a los animales durante su vida en estas instalaciones. En Estados Unidos, la ley que se supone protege a los animales en el matadero, la ley de sacrificio humanitario, excluye a las aves y los conejos dejándolos prácticamente sin protección contra el abuso.


La verdad es que si tratásemos a un perro o gato de la misma manera en la que las industrias de la carne, los lácteos y los huevos tratan a miles de millones de animales, estaríamos detrás de las rejas por abuso animal.

En los últimos 70 años, la industria de la carne ha tenido amigos (y exempleados) en los niveles superiores del Departamento Agropecuario de los Estados Unidos (USDA). Por ejemplo, el actual secretario del USDA, Sonny Perdue, fue gobernador de uno de los estados con un mayor número de granjas avícolas y director de varias empresas agroindustriales. Este obvio conflicto de interés, junto con los millones de dólares que la industria de la carne destina al cabildeo, hacen difícil y poco probable que los legisladores actúen éticamente.

Los legisladores deberían al menos aprobar una norma que elimine las peores formas de abuso en las granjas industriales y les permita a los animales moverse, respirar aire fresco y llevar a cabo otras conductas propias de su naturaleza. Si los legisladores en todo el mundo realmente se preocuparan, seguirían los pasos de Cory Booker, senador de Nueva Jersey, que no sólo lucha por la protección de los animales de granja, sino que es vegano.

Mientras tanto, todos podemos hacer una diferencia contactando a nuestros representantes, votando por los legisladores que prometen defender a los animales de granja y adoptando una alimentación vegana compasiva. ¡Haz clic aquí para comenzar!